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Medanitos lloró

Tarde gris, con sabor a recuerdos, mate, torta fritas, el sonido de fondo de alguna película que no miro, mientras giran las agujas del reloj, hace venir  a mi mente, algunas historias  que quedaron  grabadas en mi piel.

Una tarde, como ésta, ya casi sin agua en la pava, sonó el teléfono.

Catamarca sería mi destino, y un pueblo de pocos habitantes esperaría mi llegada.

Otra vez , el lugar donde el profesional no puede desprenderse de los sentimientos, donde juguetes y tapitas de gaseosas, hace más llevadero la estadía, creando esperanzas, donde las paredes están tapizadas de dibujos infantiles, esta vez, dejaría sin sonrisa a algún payaso de una habitación, y una joven mamá se volvería a su hogar ,sin su único hijo.
Solo ocho añitos,  papeles, firmas y cosas que ella no entiende.

Miedo a quienes están detrás de los escritorios, a la indiferencia del desconocido, al saludo no respondido, Miedo a esta gran ciudad, edificios,  autos, y bocinas, tan lejos de su “”Medanitos””natal,   donde aire se cuela en la piel, y el sol parece más cerca.

Donde el olivo da sombra a la misma noche, y la luna , te sonríe hasta que te canses de mirar.
Agotamiento es la palabra justa para describir a esa mamá, días enteros recluida en esos largos pasillos,  escuchado el sonido del andar de viejas camillas, y el olor de terapia , tan difícil de olvidar.

Mal dormida, una silla fue su cama, con el dinero justo para recargar el celular, se dejó vencer por el extremo cansancio, le ofrecí una manta, con ella se cubrió ,como escondiéndose de la triste realidad.

No quiso más alimento, solo dos galletitas, y un té, fue lo único que me aceptó en este largo viaje.

Arena, viento , cerros y bellos paisajes esperaban ver  mis ojos, mientras que de tanto en tanto desviaba la vista observando si ella dormía.

Tenia la  mirada perdida, despeinado su pelo y su cara curtida de tanto llorar. Luego de varios horas , ya cansado, llegue a mi destino.

No hubo el viento y el sol pareció esconderse para no mostrar su luz, los olivos no fueron más verdes,y su sombra formo un cordon de juguetes tristes a mi paso, para dar la despedida, el cerro se escondió entre las nubes y no me mostró sus colores más bellos.

Y fue así como todo un pequeño pueblo , llamado Medanitos,  simplemente una tarde lloró

 Walter Daniel Suarez

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